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Puerto Rico: Más Encantador Que Nunca

Actualizado: 20 may 2023

No pasa un día sin que piense en Puerto Rico. Literal. Me fui hace más de dos décadas, pero mi corazón siempre ha estado allá y mi deseo de regresar algún día siempre ha estado presente. Al igual que tanta gente, sufrí a la distancia los estragos que dejó el paso del Huracán María. Y ese huracán me dejó con mucha curiosidad, pues no estaba segura del impacto que había dejado en la gente. Hablando con un familiar bien querido, mencioné sobre mi deseo de regresar aunque fuera un mes, y la respuesta fue: "para qué quieres ir a la Isla del Terror".


Como dije anteriormente, viví el terror de ese huracán desde mi trabajo, espantada con todo el daño que estaban haciendo sus vientos enfurecidos y las aguas torrenciales que no paraban. Sufrí la parálisis de no poder escuchar de mi abuela, mis tíos, mis primos, mi suegra, otros familiares, y amistades cercanas por varios días. También sentí la desesperación de los residentes locales al estar sin luz, agua, comida, gasolina, y lo peor de todo, esperanza. Sufrí de impotencia al no poder viajar a ayudar como hubiese deseado, teniendo que conformarme con ver la gestión de algunas de mis amistades que sí lograron llegar con ayuda.


Finalmente viajé en el verano del 2019 para quedarme un mes. Y me llevé tremenda impresión. Ya habían pasado casi dos años después del huracán, y aunque hay sectores que aún necesitaban ayuda, en un sentido general la isla y su gente se veían en mejores condiciones. Obviamente, no puedo hablar por todos, pero lo que he observado y el 'feedback' que he recibido de aquellos con quienes he hablado ha demostrado que ya todo está prácticamente "normal". Aún así, los rastros de María siguen vigentes. Sin lugar a dudas, ese huracán dejó mecha en el corazón de los puertorriqueños y fue trascendental en la vida de muchos. María es de esos que jamás se olvidarán. Ha sido imposible no escuchar comentarios como, "Muchacha, eso fue horrible, ¡terrible!"; "Esa María fue difícil, difícil"; "No quiero volver a pasar un María en Puerto Rico", y muchas otras expresiones acompañadas por gestos de espanto en sus miradas, o meneos de cabeza que muestran lo increíblemente duro que fue.


Sin embargo, el dolor causado por María no ha opacado la amabilidad de la gente o su buen humor. He podido notar también que los paisajes están hermosos y muchos pueblitos están más coloridos, con árboles frutales en sus calles como dándole la bienvenida a cada visitante. Hay un sentido de comunidad más notable en muchos lugares y mayor deseo de mantener las playas, ríos y lagos limpios y libres de artículos que contribuyan a la polución.


A pesar de una que otra cosa, me atrevo a decir que la Isla del Encanto con su verdor, hermosas playas, montañas y paisajes está más bella y esplendorosa que nunca. En cuanto a su gente, me ha cautivado la sencillez y la lucha que se palpa, pues no faltó un “buenos días” o “buen provecho" en interacciones que tuve a diario. Además, la entereza de la gente ante el desastre y lo agradecidos que están de haber logrado sobrevivir son encomiables. Por eso, cuando escucho o leo comentarios que llaman ese lugar la “isla del espanto” me incomodo. El porqué es sencillo.


Viví en la isla mis primeros 21 años de vida y ya llevo veinticinco años fuera. Nunca me quise ir, pero las circunstancias me obligaron. He vuelto varias veces durante el tiempo en que he vivido fuera y he visto muchos cambios, pero esta vez ha sido diferente. Por preferencia religiosa, soy neutral políticamente hablando y de hecho, nunca me ha interesado inmiscuirme ni opinar en la política. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios, es mi lema. Así las cosas, mi enfoque ha estado en la gente y su calidez; en sentir y palpar el ambiente, y en observar cómo han resurgido 'tras la tormenta' como seres humanos. Debo decir que la emoción ha sido grande, y a pesar de lo mucho que algunos critican la situación, he quedado fascinada con mi experiencia.


La gente ha metido mano, como decimos los puertorriqueños. Han buscado la manera de buscarse el pan de cada día haciendo lo que pueden. ¡¿Y qué mejor que eso?! En cada esquina se ven 'food trucks' de todo: de comida criolla, pizza, hamburgers, hot dogs, papas y batatas asadas, sandwiches, mofongo, frituras, viandas, carne frita, pinchos, y hasta comida mexicana. Hay carritos de remolque estacionados en ciertas áreas concurridas donde inclusive los barberos ofrecen sus servicios y otros venden sus frutas, viandas y vegetales que cultivan, y la lista continúa. El punto es que han hecho algo. No se han quedado de brazos cruzados. Es ese espíritu de lucha y de superación el que me ha dejado fascinada. Por eso, cuando me dicen que ésta es la isla del espanto, solo pienso en que hay dos formas de ver las cosas. Está la perspectiva negativa para aquel que nunca ve la solución a los problemas, y está la del optimista que ve una oportunidad tras los desafíos.


A mi entender, los residentes de la isla de Puerto Rico han probado más allá de duda razonable que no se rinden. Y esto es una prueba más de que lo que informa la prensa al exterior - que se enfoca siempre en el crimen y en la política - no muestra la verdadera realidad de lo que es el Puerto Rico que yo conozco.


Si no lo haz hecho, suscríbete a mi blog para futuros artículos enfocados en viajes, comidas, el buen vivir, bienestar y superación personal, negocios, y otros temas de interés.


¡Gracias por leerme!


Vanessa




Vista del Lago Toa Vaca de Villalba en la Cordillera Central. A mi entender, la mejor vista de Puerto Rico.
En el mirador entre Villalba y Orocovis.

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