Puerto Rico: Más Encantador Que Nunca

Actualizado: 10 jun 2019

Sentía muchos deseos de viajar a Puerto Rico desde el Huracán María. Como tantas otras personas que viven fuera de la isla, viví el terror de ese huracán desde mi trabajo, espantada con todo el daño que estaban haciendo sus vientos enfurecidos y las aguas torrenciales que no paraban. Sufrí la parálisis de no poder escuchar de mi abuela, mis tíos, mis primos, mi suegra, otros familiares, y amistades cercanas por varios días. También sentí la desesperación de los residentes locales al estar sin luz, agua, comida, gasolina, y lo peor de todo, esperanza. Sufrí de impotencia al no poder viajar a ayudar como hubiese deseado, teniendo que conformarme con ver la gestión de algunas de mis amistades que sí lograron llegar con ayuda.


Sin embargo, gracias al Dios Todopoderoso y al trabajo de muchas personas, ya todo se ve mejor. Me atrevo a decir que la isla y su gente ya están en mejores condiciones. Obviamente, no puedo hablar por todos, pero lo que he observado y el 'feedback' que he recibido de aquellos con quienes he hablado ha demostrado que ya todo está prácticamente "normal". Aún así, los rastros de María siguen vigentes. Sin lugar a dudas, ese huracán dejó mecha en el corazón de los puertorriqueños y fue trascendental en la vida de muchos. María es de esos que jamás se olvidarán. Ha sido imposible no escuchar comentarios como, "Muchacha, eso fue horrible, ¡terrible!"; "Esa María fue difícil, difícil"; "No quiero volver a pasar un María en Puerto Rico", y muchas otras expresiones acompañadas por gestos de espanto en sus miradas, o meneos de cabeza que muestran lo increíblemente duro que fue.


Sin embargo, el dolor causado por María no ha opacado la amabilidad de la gente o su buen humor. He podido notar también que los paisajes están hermosos y muchos pueblitos están más coloridos, con árboles frutales en sus calles como dándole la bienvenida a cada visitante. Hay un sentido de comunidad más notable en muchos lugares y mayor deseo de mantener las playas, ríos y lagos limpios y libres de artículos que contribuyan a la polución.


A pesar de una que otra cosa, me atrevo a decir que la Isla del Encanto con su verdor, hermosas playas, montañas y paisajes está más bella y esplendorosa que nunca. En cuanto a su gente, me ha cautivado la sencillez y la lucha que se palpa, pues no faltó un “buenos días” o “buen provecho en interacciones que tuve a diario. Además, la entereza de la gente ante el desastre y lo agradecidos que están de haber logrado sobrevivir son encomiables. Por eso, cuando escucho o leo comentarios que llaman ese lugar la “isla del espanto” me incomodo. El porqué es sencillo.


Viví en la isla mis primeros 21 años de vida y ya llevo veinticinco años fuera. Nunca me quise ir, pero las circunstancias me obligaron. He vuelto varias veces durante el tiempo en que he vivido fuera y he visto muchos cambios, pero esta vez ha sido diferente. Por preferencia religiosa, soy neutral políticamente hablando y de hecho, nunca me ha interesado inmiscuirme ni opinar en la política. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios, es mi lema. Así las cosas, mi enfoque ha estado en la gente y su calidez; en sentir y palpar el ambiente, y en observar cómo han resurgido, literalmente, tras la tormenta como seres humanos. Debo decir que la emoción ha sido grande, y a pesar de lo mucho que algunos critican la situación, he quedado fascinada con mi experiencia.


La gente ha metido mano, como decimos los puertorriqueños. Han buscado la manera de buscarse el pan de cada día haciendo lo que pueden. ¡¿Y qué mejor que eso?! En cada esquina se ven 'food trucks' de todo: de pizza, hamburgers, hot dogs, papas y batatas asadas, sandwiches, mofongo, frituras, viandas, carne frita, pinchos, y comida criolla. Hay carritos de remolque estacionados en ciertas áreas concurridas donde barberos recortan, y en otros lugarcitos se ven estantes de frutas, viandas y vegetales donde los agricultores venden sus cultivos, y la lista continúa. Haré otro blog dedicado a ciertas 'guaguitas' y negocitos que me han encantado. El punto es que han hecho algo. No se han quedado de brazos cruzados. Es ese espíritu de lucha y de superación el que me ha fascinado. Por eso, cuando me dicen que ésta es la isla del espanto, solo pienso en que hay dos formas de ver las cosas. Solo voy a decir que lo que se informa no muestra lo que en realidad es Puerto Rico.


Más adelante compartiré otros detalles de lo que he vivido durante mi estadía de casi un mes en la isla. Si no lo haz hecho, suscríbete a mi blog para que no te lo pierdas.


¡Gracias por leerme!


Vanessa




Vista del Lago Toa Vaca de Villalba en la Cordillera Central. A mi entender, la mejor vista de Puerto Rico.
Yo en el mirador entre Villalba y Orocovis.

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